Feliz estancia al olvido, parecía era algo más serio, pero al final… se cortó por la mitad, las exigencias se extremaron en demasía, y tras los meses pasados, al final… había un interés que no se cumplió al completo y por mediación de la existencia del requisito no cumplido, y comprobar que no había nada más que hacer y ya no existía ninguna duda, se supo leer y comprender qué todo estaba perdido, por tanto era una ocasión principal de la cual no saldría nada en claro, y con el sentido común en despiste total, se optó por qué todo se terminara sin más nada, y los días siguientes serían tan distintos como al principio.

A las once, cincuenta y dos, la hora y los minutos se marcaron, con lo cual, se estuvo y se perdió todo contacto por una decisión quizás tomada impropiamente y las letras sirvieron para un algo que pudo ser un caminar distinto.

Pero ya los tiempos hoy en día se entienden de otra forma bien diferente, cuando algo se deja, es porque un periodo sirvió para dar signos de vida y sin dar un adiós, se decide salir y regresar a donde un espacio estaba ya construido, pero sin el arraigo característico de un inmediato sentido del conocimiento y de saber con certeza, que un día u otro llegarían ratos para no atraer el más allá y tan solo recordar instantes donde los pensamientos eran tan válidos como la vida misma.

Letras que se quieren y desean ser serviciales con sus propios dueños, tantas veces excedentes de su propio influjo, necesitan ser partícipes de aventuras reales, que sepan indagar en el interior de las distintas zonas, siendo parte de todo un alrededor visible y tangible, no sólo estar en un anonimato diferencial para dejar constancia de la certeza de compaginar sus extremos en el cada día de los espacios por definir momentos asequibles e indefinidos, sino también, formar parte de las vivencias comunes siguiendo un juego de palabras, qué son las que van escribiendo sentires desperdigados entre melodías y tonos dentro de unas líneas llenas del calor inigualable de la vida en resolución y ser admiradas por las moléculas del vivir en armonía, dando la vez a una realidad más común, sin ser realmente tan necesario estar frente a frente, porque las distancias en sí, marcan los decimales a ser visibles e inexpertos en sensaciones que se mostrarán en unas historias por desmenuzar con los sentidos nada prácticos de esencias que nunca han tenido la palabra justa al lado, ni tan siquiera en pintura plasmada, ni en secciones pinceladas o quizás ser un todo de unos cuantos cuajos invisibles, al momento de poder llegar a ser una verdad que el conocimiento nunca fuera a ser parte principal de una vida más acorde, del proyecto que en principio se gestó entre las ondas inanimadas del mirar y ser observados en directo sin estar ahí mismo y, no participar en la vital importancia del subsistir inmediato.

La vida sigue y no se detiene…

Porque si se tuviera que detener, no sería nada acorde con las expectativas normales de un recorrido qué no se marcó para nada y tan solo, al final se quedó en un espejismo y no en una realidad.

Pero han quedado frases o palabras que perdurarán en los tiempos siguientes, para poder apreciar diferentes aspectos de vidas distintas y singulares, que tenían quizás mucho por descifrar y exprimir un contenido que se quedó fuera de todo lugar al no entender un modo de vida.

Era un día sin final aún, que sábado matinal tenía, el calor empezaba a ser visible en una área urbana donde aún sería más crudo durante las siguientes horas venideras, siguiendo una vía de descanso, se convirtió en algo tan normal, que apenas se pudo sentir ese desahogo de soledad ya marcada en sí, por pertenecer a un ámbito personal, que se desmenuzaba por momentos en el día a día, mientras iba acercándose el mediodía, luego la tarde y se juntó casi con la hora del anochecer, llevándose las manos al corazón para evocar un leve suspiro de desolación, lo cual, quizás meses atrás alguien más pudo quedarse en la misma situación, con los ojos y el pensamiento en completo shock al escuchar palabras leídas, y regaladas de un más allá del exterior sin conocer esa verdadera razón, que después se quiso dejar constancia de lo sucedido sin poder llegar a entender la versión más simple y exacta.

Agosto el mes más incondicional y el de las despedidas…

Hay opiniones que se cruzan y no se llegan a entender por no poner la máxima y debida atención. Entonces se crea una atmósfera irregular e intransigente que evita a toda costa intentar ver las cosas de otra forma, dando la vuelta a todo lo que no se termina de comprender, ya que las razones no entran por el mismo entendimiento, que es la materia del pensar con algo de sabiduría exacta y entonces, se llega a idealizar algo tan sencillo como es, la amistad, convirtiéndola en esa espíritu inalcanzable y muy diferente a lo que no se ha dado un permiso real para instalar una memoria sin cultivar aún.

Antes que nada hay que ir abonando las distintas parcelas para poder llegar hasta la que se desea instalar, ese afecto incondicional, sin esos pasos primordiales, poco o nada se puede hacer en una realidad más cercana, aun queriendo estar presente no se debe allanar ese conocimiento primario antes de lo previsto, porque se aplanaría todo al completo.

Y se perdería lo más elemental, el comienzo de una posible historia, para recorrer sencillos tramos tan mutuos como personales y particulares.

Ahí es nada, parece mentira, pero la certeza es algo tan serio e importante como la existencia misma.

En las orillas del mar quisiera navegar la niebla extensa que se ha acercado para ver florecer los cantos que ruedan boca abajo como si fueran rodillos cuadrados sin llegar a ser aventureros de las esferas reales, es la sencillez que marca pautas de un orden y recorrido no visto con anterioridad, por inverosímil que parezca, es ese ámbito individual qué se llega a llamar, particularidad personal del pensamiento innato, qué se centra en dar la cara más de una vez, para dejar claras resonancias de un acontecer que ocurrió realmente en varias vidas centradas en el hoy y en el ayer distante.

© Mia Pemán