OLIENDO… OLIENDO… tan solo asomando la nariz, para que los ojos no puedan ver las esencias que suelen llegar sin aviso

Lindezas quiere recibir, y al no sabe qué hacer, se le ocurrió poner su naipe al descubierto, sin más nada, qué cosa más extraña…

Ideales en su haber puede llevar, al querer recibir algo extraordinario, sin muchas pretensiones, quién sabe lo que pudo pensar en un momento dado

Esperando ser agradable y juguetón, se le atravesaron las ideas, y resultó ser un guasón de campeonato el muy resultón

Negociando con el aire, los sabores a rebuscarse, a lo mejor, le va de miedo, y se topará con algo de lo más esencial, la ternura

Démosle un (aprobado) por atrevido y rebuscón… pobrecín, no sabe qué así, como se ha expuesto, puede significarle… un buen resbalón, ya que, algún avispado juguetón, le dará un rasguñín o quizás, un beso se llevará… jajajajajaja…

Ojuelos le faltan, para verse de inmediato, y sin saber siquiera, se va a perder todo el encanto ocasional, qué por pura pena, ese atravesado perruno, se está viendo atrapado en un círculo maderil, hecho precisamente para él. Pero encima tiene la gran suerte, de estar a sus anchas, y disfrutando de un olor primordial, la madera fina que le aguanta esa prominente nariz, y se le puede decir, ¡Te metiste en medio de la nada, y acabaste olisqueando lo qué no miraste con la debida atención!

Palencia, sábado 30 julio 2016.

Prosa acrósticada 2M16

© Mia Pemán